Renata, la perra violada y abandonada en Huelva que sobrevivió al horror sigue esperando una familia
El veterinario lo tuvo claro desde el primer momento: “Venía de una violación”
La encontraron en Almonte completamente rota. Estaba llena de garrapatas y pulgas, apenas podía caminar y sufría lesiones tan graves en sus partes íntimas que el veterinario que la atendió de urgencia aseguró que aquello no dejaba lugar a dudas. “Venía de una violación”, explicó tras examinarla.
Tuvo que ser operada hasta en dos ocasiones por un prolapso severo provocado por la brutal agresión. No era el estado habitual de un animal abandonado ni el cuadro de una enfermedad común. Las heridas eran incompatibles con otro tipo de diagnóstico y el impacto fue enorme incluso entre personas acostumbradas a convivir diariamente con el maltrato animal.
“Nos dijo claramente que aquello había sido provocado por una agresión sexual”, recuerda Carolina, voluntaria de Corazones Peludos Asociación, la protectora que se hizo cargo de ella desde el primer momento.
Una perra joven que sigue esperando una oportunidad
No llevaba chip. Nadie preguntó por ella. Nadie reclamó su desaparición. Tampoco existe información clara sobre el lugar exacto del que venía, aunque las voluntarias sospechan que pasó mucho tiempo viviendo aislada en algún solar o terreno apartado, una realidad todavía demasiado frecuente en numerosas zonas rurales donde muchos animales sobreviven invisibles entre abandono, negligencia y violencia.
Cuando llegó a la protectora estaba aterrorizada. Se movía despacio, encogida por el dolor físico y emocional, pero hubo algo que llamó especialmente la atención de quienes empezaron a cuidarla: pese a todo lo que había sufrido, seguía acercándose para pedir cariño.
“Entré sola con ella y poco a poco se fue acercando para que le hiciera mimos”, explica Carolina. “Es increíblemente noble, tranquila y muy agradecida”.
Aunque todavía es joven, nadie ha preguntado por adoptarla desde que se difundió su historia. Convive perfectamente con otros perros, busca el contacto humano y responde con tranquilidad incluso ante hombres, algo especialmente significativo después del trauma que sufrió.
La violencia sexual contra animales sigue siendo un tema silenciado en España
El caso ha vuelto a abrir uno de los debates más incómodos dentro de la protección animal en España: la zoofilia y las agresiones sexuales contra animales, una realidad que asociaciones animalistas llevan años denunciando pese al enorme silencio que sigue existiendo alrededor de estos casos.
España continúa sin contar con un delito específico de “violación animal” o zoofilia, algo que sí han desarrollado otros países europeos como Países Bajos, Noruega o Suiza mediante leyes concretas que castigan este tipo de agresiones sexuales contra animales. En España, las agresiones sexuales contra animales siguen abordándose dentro de los delitos de maltrato animal, una diferencia jurídica que asociaciones y expertos consideran insuficiente para perseguir este tipo de violencia, muchas veces oculta y difícilmente denunciada.
La polémica aumentó todavía más tras la reforma del Código Penal aprobada mediante la Ley Orgánica 3/2023. Antes de esa modificación, el Código Penal castigaba expresamente la “explotación sexual” de animales. Sin embargo, la nueva redacción pasó a castigar los “actos de carácter sexual” cuando estos provocan lesiones que requieran tratamiento veterinario.
Ese es precisamente el punto que ha generado más críticas entre juristas y asociaciones animalistas.
Muchos colectivos consideran que la reforma supuso un retroceso porque ya no basta únicamente con demostrar la agresión sexual. Ahora también debe acreditarse un daño físico concreto mediante informes veterinarios, algo que, según denuncian asociaciones y juristas, dificulta enormemente muchas condenas.
Actualmente, el artículo 340 bis contempla penas de prisión de tres a dieciocho meses por lesiones a animales, incluidos los actos de carácter sexual. Si el animal muere, las penas pueden alcanzar hasta dos años de cárcel, además de la inhabilitación para convivir o trabajar con animales.
Una realidad que sigue existiendo más cerca de lo que parece
Las asociaciones advierten además de que el problema no se limita a casos aislados. Basta realizar búsquedas abiertas en internet para encontrar todavía anuncios, páginas y grupos donde determinadas prácticas relacionadas con la zoofilia continúan normalizándose públicamente.
Una realidad invisibilizada que sigue existiendo mucho más cerca de lo que gran parte de la sociedad quiere admitir y que, en muchos casos, permanece enterrada entre el silencio, la falta de denuncias y la dificultad para demostrar judicialmente este tipo de agresiones.
Una nueva vida todavía pendiente
Hoy ya no tiembla como el primer día. Gracias al trabajo de las voluntarias y de la protectora, poco a poco ha conseguido volver a confiar y recuperar parte de la calma que le arrebataron. Pero ningún refugio puede sustituir un hogar.
Después de todo el dolor que sufrió, todavía le queda descubrir que existen personas capaces de cuidar sin hacer daño, de acariciar sin provocar miedo y de querer sin destruir. Porque sobrevivir al horror no debería ser el final de su historia, sino la oportunidad de empezar por fin una vida distinta.
Si quieres adoptar a Renata o ayudar compartiendo su historia, puedes contactar:
Si quieres adoptar a Renata o ayudar compartiendo su historia, puedes contactar:
📩@corazonespeludosasociacion
☎️ +34 630 25 76 98
📩 corazonespeludosasociacion@gmail.com
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