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España pierde 7,5 millones de gorriones mientras sus ciudades se quedan sin vida

DIARIO
ANIMAL
Redacción Diario Animal
Madrid 21 de marzo de 2026 - 11:11 h

Hubo un tiempo en el que el sonido de los gorriones formaba parte del paisaje cotidiano. Estaban en las plazas, en los patios, en las terrazas de los bares y en los tejados de cualquier barrio. No hacía falta buscarlos porque siempre estaban ahí. Ahora, en muchas ciudades españolas, el silencio empieza a ocupar ese espacio.

España ha perdido cerca de siete millones de gorriones comunes desde finales de los años noventa. Cada año desaparecen alrededor de 300.000 ejemplares y el declive no deja de acelerarse. Los datos del programa Sacre, coordinado por la SEO/BirdLife gracias al seguimiento de cientos de personas voluntarias, muestran una caída cercana al 20 % de la población en apenas dos décadas.

Hoy quedan unos 31 millones de gorriones comunes en el país. Puede parecer una cifra elevada, pero detrás de ella se esconde una tendencia preocupante. Solo en la última década se han perdido alrededor de cuatro millones de ejemplares. Una desaparición lenta, constante y casi invisible que convierte al gorrión en una de las señales más claras del deterioro ambiental de nuestras ciudades.

Tendencia de la población de gorrión común 1998-2024. Fuente: SEO/BirdLife

Porque el gorrión siempre ha vivido pegado a las personas. Durante siglos encontró refugio en grietas, tejados y huecos de edificios, mientras se alimentaba de semillas e insectos en calles y campos cercanos. Su presencia hablaba de ciudades habitables también para otras formas de vida. Su ausencia cuenta exactamente lo contrario.

Las causas del declive tienen mucho que ver con la transformación del entorno urbano. Las nuevas construcciones eliminan los espacios donde antes podían anidar, la contaminación y los pesticidas reducen drásticamente la presencia de insectos y las zonas verdes pierden biodiversidad en favor de modelos urbanos cada vez más duros y artificiales.

El problema no afecta solo al gorrión. Cuando desaparecen estas aves también se empobrecen los ecosistemas urbanos y se rompe un vínculo cotidiano entre las personas y la naturaleza. Las ciudades se vuelven más silenciosas, más grises y más hostiles para cualquier especie que no encaje en un urbanismo pensado únicamente para el cemento.

Cada vez más investigaciones relacionan además la presencia de biodiversidad con la salud y el bienestar humano. Más árboles, más vegetación y más aves no son únicamente una cuestión estética o ambiental. También mejoran la calidad del aire, reducen el estrés y hacen más habitables los espacios urbanos. Un estudio publicado recientemente en la revista científica Ardeola insiste precisamente en el papel esencial que tienen las aves dentro de los ecosistemas urbanos.

Sin embargo, muchas decisiones siguen empujando a estas especies hacia el límite. Las rehabilitaciones de edificios y los procesos de aislamiento energético eliminan con frecuencia nidos y refugios protegidos por ley. Sellar huecos en fachadas o renovar cubiertas puede significar, en la práctica, expulsar a gorriones, vencejos o aviones comunes de los lugares donde llevan décadas criando.

Desde SEO/BirdLife reclaman cambios en el Código Técnico de la Edificación para que las reformas urbanas incluyan medidas sencillas de conservación. Integrar espacios de nidificación en los edificios no supone un gran coste económico, pero sí podría marcar la diferencia para muchas especies urbanas.

El caso del gorrión común tampoco es aislado dentro de su propia familia. El gorrión molinero ha sufrido un descenso todavía más acusado desde 1998, mientras que otras especies como el gorrión moruno mantienen poblaciones más estables. Las diferencias muestran que las aves más ligadas a los entornos urbanos son también las más vulnerables a la forma en la que las ciudades están cambiando.

Lo que está desapareciendo no es solo un ave pequeña y aparentemente común. También lo hace una parte de la memoria sonora y emocional de las ciudades. El gorrión pertenece a lo cotidiano, a esa biodiversidad cercana que muchas veces dejamos de mirar porque creemos que siempre estará ahí.

Pero las ciudades donde desaparecen los gorriones son también ciudades que pierden vida. Y cuando el silencio sustituye a sus cantos, lo que queda no es solo la ausencia de un pájaro. Es la evidencia de que algo esencial se está apagando entre el asfalto y el cemento.

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